La esfera de Marskid


Ethan J. Connery

Esta es la historia de dos niños de verdad, que, como todos los niños, gustaban de aprender y de jugar. Uno se llamaba Rick, el otro se llamaba Marskid, pero entre ellos no se conocían, y eso es porque no eran dos niños iguales. Eran diferentes:

Rick era blanco y Marskid era de color verde.
Rick vivía en la Tierra y Marskid vivía en el espacio.
Rick creció en el pasado y Marskid venía del futuro.
Rick era humano y Marskid era marciano...

Sucedió así, que un buén día de primavera (de esos del siglo 20, ¡Que tiempos aquellos!), Rick caminaba por el sendero de un gran bosque, buscando fósiles, ya que como todo Scout gustaba mucho de explorar sitios remotos y acampar en la cumbre de los cerros.

Estando así el niño, en sus andanzas, medio perdido entre las montañas, apareció en lo alto del cielo una nubecilla dorada. La pequeña nube se escapó de sus papás mayores, las grandes nubes tormentosas que Rick veía entonces, y bajó para descansar un rato de tanto volar por el mundo.

Cual sería la suerte de Rick cuando se encontró con la pequeña nube cansada en el camino, y ambos se hicieron amigos, conversando lárgamente, esa tarde, junto a una fogata.

La nubecilla dorada invitó a Rick a volar para conocer la Tierra desde las alturas, y así sucedió que el pequeño Rick, sentado en su nube voladora, se elevó hacia el firmamento, volando lejos, más allá de los montes cercanos, más allá de las montañas que él conocía, más allá de las nubes tormentosas, más allá del firmamento estrellado...

...y así, volando, volando, llegó más allá del tiempo.

La nubecilla dorada descendió en una gran ciudad, colmada de luces y cristales, y se posó en la cumbre de un enorme edificio, que para Rick, más parecía una montaña.

Del suelo surgió una luz blanca y un simpático amiguito emergió como por arte de magia.

- Hola amiguito, ¡Bienvenido seas a la Tierra! -le dijo el personaje, que también era pequeñito, pero era de color verde y tenía una extraña vocecita que se oía en todas partes.
- ¡Hola amigo, vengo en son de paz! -le dijo Rick, levantando su mano derecha.
- ¡Si, lo sé! -le respondió su verde nuevo amigo a quién todos conocían como Marskid- ¡Ven, te invito a conocer la Tierra del Futuro!

Y así fue que Marskid y Rick, se fueron conversando muchas cosas en la nube voladora, mientras esta recorría unos bellos laberintos de luz.

Miles de estrellas de colores atravesaban el cielo, algunos colores eran tan increíbles que Rick nunca los había visto en su vida. La pequeña nube dorada bajó hacia el piso de la Tierra del Futuro, hacia un gran círculo de luz. Muchas personas, de todas las razas conocidas y desconocidas, se habían reunido ahí.

- ¡Hemos traído un emisario del siglo 20! -dijo el pequeño Marskid a las gentes que habían ido a ver- ¡Pasa amiguito, preséntate!

- ¡Hola, mi nombre es Rick! -les dijo el aludido- Gracias por invitarme a este lugar, es muy hermoso, y muy tranquilo, el laberinto de luz me recuerda a mis bosques. ¡Me gusta mucho la Tierra del Futuro!

Las personas sonrieron, aunque muchas hablaban diferentes idiomas, pero todos entendían lo que Rick les había querido decir.

- Gracias, Rick. -dijo Marskid, y luego agregó a grandes voces- ¡Ahora llevaremos a Rick a conocer la Tierra Alternativa!

Las personas se entristecieron cuando escucharon esta noticia y el pequeño Rick, aunque estaba maravillado por lo que veía, no entendía bién todo lo que ocurría. Pero sabía que se iba de ese lugar y decidió despedirse de la gente como hacen los humanos del siglo 20, levantó la mano derecha y comenzó a agitarla en el aire.

-¡Gracias por todo, me gustaría regresar algún día!

Pero, de pronto miró hacia arriba y un vacío negro y redondo, rodeado de una intensa luz (algo parecido a un eclipse) bajó y cubrió todo el lugar. Rick se encontró, de pronto, en un vasto desierto plano, con montañas llanas y cuevas abandonadas. El cielo parecía haber desaparecido, y así toda la gente. Sólo se movía un viento frío que levantaba algo de polvo, en medio de la noche más oscura que el niño de los bosques del siglo 20 había visto en su vida.

Ahí estaba Marskid, quién apoyaba su mano en el hombro de Rick. Marskid abrió su otra mano y una luz iluminó el lugar, y así, mientras Rick escuchaba, Marskid le contaba:

- ¡Mira amiguito, con mucha atención!
- ¿Qué es esto? ¿dónde estamos, Marskid?
- Esto es la Tierra Alternativa: como ves, no hay vida aquí. Todo tu pueblo yace desaparecido, al igual que el mío, no hay esperanza en este lugar. Sólo los fantasmas del pasado habitan estas oscuras moradas.

El niño de los bosque no podía creerlo, se sentía con miedo y desolado. Y miraba a su alrededor, esperando encontrar algo que le hiciera comprender qué había pasado con su mundo del siglo 20, o con el brillante mundo que acababa de conocer. Percibiendo su temor y su angustia, Marskid le indicó que mirara hacia lo alto. Y con un soplo de esperanza, Rick vió cuatro pequeñas estrellas azules que brillaban en las alturas.

Las estrellas descendieron y se posaron delante de Rick, y así pudo tocarlas. Las estrellas se unieron y su luz se hizo pequeña. En su lugar quedó una esfera dorada de cristal.

- Debes llevarla a tu tiempo, a tu mundo. ¡Por favor, escóndela en un lugar seguro! ¡En tus bosques! ¡En tus montañas!, y cuando sientas que se acerca el tiempo, vé a recuperarla.
- ¿Para qué sirve?
- Es lo único que puede salvar a tu gente. Ya has visto, Rick, las dos Tierras. Ambas dependen de tu mundo, y tu mundo depende de esta esfera de cristal.
- Pero, ¡Que extraño material! -exclamó Rick- al experimentar con la esfera que giraba brillante en su mano a voluntad- ¿de qué es?
- Es del material con que están hechos los sueños.
- ¿Y qué es lo que hace?
- Te concederá un deseo. Cuando crezcas llegará ese momento, sólo pide un deseo y la esfera te lo concederá sólo a tí y por tu propia, auténtica y consciente voluntad. ¡Procura cuidarla mucho y sobretodo, no olvides dónde la esconderás!
- Gracias Marskid, ¡eres un buen amigo, no olvidaré su destino!

Y así ocurrió que Marskid regresó a la Tierra del Futuro y Rick regreso en su nube voladora, a la Tierra del pasado, a sus bosques del siglo 20, escondiendo en lo profundo de las montañas, la pequeña esfera que brillaba con el poder de cuatro estrellas.

Pasaron muchos, muchos años, y en la espesura de los bosques, un explorador llamado Rick buscaba una esfera de cristal. El pequeño niño de los bosques había crecido, y había ido en busca de su preciado deseo.

Cuando llegó al lugar, otros seis exploradores, cada uno con una esfera similar, le esperaban. Los siete reunidos, pidieron un sólo poderoso gran deseo.

Esa noche, Rick durmió en las montañas y soñó con su amigo, Marskid, el pequeño extraterrestre marciano, que le sonreía en la distancia del tiempo y el espacio.

1 comentario: