Palitroche

“Pippi descubre una nueva palabra" · Astrid Lindgren, 1945
Traducción de Blanca Ríos y Eulalia Boada
Ilustración de ZaxCon

Una mañana, Tommy y Annika entraron en la cocina de Pippi y le dieron los buenos días, pero ella no les contestó. Estaba sentada sobre la mesa con el Señor Nelson en el hombro. Sonreía con una expresión feliz en la cara pecosa.
— Buenos días —dijeron de nuevo Tommy y Annika.
— Estoy pensando en lo que acabo de descubrir —murmuró Pippi con voz soñadora.
— ¿Qué has descubierto? —preguntaron sus amiguitos.
A ellos no les sorprendía que Pippi hubiera descubierto algo; lo único que querían saber era de qué se trataba.
— ¿Qué es lo que has descubierto, Pippi? —preguntaron con ansiedad.
— Una palabra nueva —contestó Pippi, y se los quedó mirando como si acabara de verlos en aquel mismo momento— ¡Una palabra estupenda!
— ¿Qué clase de palabra? —preguntó Tommy.
— Una palabra maravillosa. Una de las mejores que he oído en mi vida.
— ¡Dínosla!
— “Palitroche" —dijo Pippi.
— ¡“Palitroche"! —repitió Tommy— ¿Qué quiere decir?
— ¡Ojalá lo supiera! Lo único que sé es que no quiere decir aspiradora.
Tommy y Annika se quedaron pensativos. Finalmente, Annika dijo:
— Pero si no sabes lo que quiere decir, no te sirve de nada.
— Eso es lo que me preocupa —dijo Pippi.
— ¿Quién decidió el significado de las palabras?
— Probablemente se reunieron unos cuantos viejos profesores —explicó Pippi— e inventaron palabras tales como: “tina", “mordaza", “ristra", y cosas así. Sin embargo, nadie se preocupó de descubrir una palabra tan bonita como “palitroche". ¡Qué suerte que yo haya dado con ella! ¡Apuesto a que descubriré lo que significa!
Pippi se puso a meditar con la mano debajo de la barbilla y los ojos cerrados.
— ¡“Palitroche"! Me gustaría saber si se podría llamar así a la punta del palo azul de una bandera.
— Los palos de las banderas no son azules —corrigió Annika.
— Tienes razón. Entonces no sé lo que quiere decir. Quizá se le pueda llamar así al ruido que haces con los zapatos cuando andas por el barro. A ver cómo suena:
“Cuando Annika anda por el barro puede oírse un maravilloso palitroche."
No. No suena bien. 
“Puede oírse un maravilloso chipichap."
¡Eso sí que suena bien!
Y rascándose la cabeza, Pippi añadió:
— Esto se está poniendo difícil. ¡Pero lo he de averiguar! Quizá sea algo que pueda comprarse en las tiendas. ¡Vamos a preguntarlo!
A Tommy y a Annika les pareció muy bien, y Pippi fue a buscar su monedero, lleno de monedas de oro.
— “Palitroche" suena como si fuera una cosa bastante cara. Será mejor que vaya a buscar más dinero.
Cuando tuvo el bolso bien repleto de monedas, Pippi levantó el caballo y lo sacó del porche. El Señor Nelson saltó sobre su hombro.
— ¡Aprisa! Si no nos apresuramos, puede ser que se hayan terminado todos los “palitroches" cuando lleguemos. No me sorprendería que el alcalde hubiese comprado el último que quedaba.
Cuando los chiquillos de la pequeña ciudad oyeron galopar al caballo de Pippi, corrieron felices a su encuentro, porque todos la querían mucho.
— ¿Adonde vas, Pippi? —le preguntaban a gritos.
— Quisiera comprar un “palitroche" —dijo Pippi— Pero que sea bueno y crujiente.
— ¿“Palitroche"? —repitió una linda señorita que estaba detrás del mostrador— Creo que no tenemos.
— Pues deberían tenerlos. En todas las tiendas bien surtidas los despachan.
— Sí, pero los hemos agotado —dijo la señorita, que nunca había oído hablar de “palitroches", pero que no quería admitir que su tienda no estuviera tan bien surtida como las otras.
— ¡Ah! Pero ¿han tenido “palitroches"? —exclamó Pippi ansiosamente— Dígame cómo son. ¿Tienen rayas rojas?
La señorita se ruborizó y dijo:
— No. De todos modos, ahora no tenemos ninguno...
— Entonces tengo que seguir buscando. No puedo volver a casa sin un “palitroche".
La próxima tienda era una ferretería. El vendedor los saludó cortésmente.
— Quisiera comprar un “palitroche" —le dijo Pippi— Pero que sea de la mejor clase. De los que se usan para matar leones.
El vendedor los miró con desconfianza.
— Vamos a ver —dijo rascándose detrás de la oreja— Vamos a ver —Y sacó del cajón un pequeño rastrillo que entregó a Pippi.
— Esto es un rastrillo —exclamó, en el colmo de la indignación— Yo quiero un “palitroche". ¡No intente engañar a una inocente niña!
— Desgraciadamente, no tenemos lo que necesitas —dijo el vendedor riéndose— Pregunta en la tienda de la esquina, que venden baratijas.
— ¡Baratijas! —murmuró Pippi con desdén cuando salieron a la calle— Supongo que tampoco tendrán. Quizás, al fin y al cabo, sea una enfermedad. Vamos a preguntar al médico.
Annika sabía dónde vivía, porque hacía unos días había ido a vacunarse. Pippi llamó al timbre, y una enfermera abrió la puerta.
— Quiero ver al doctor —dijo Pippi— Es un caso muy grave. Se trata de una terrible y peligrosa enfermedad.
— Por aquí, por favor.
Cuando entraron los niños, hallaron al doctor sentado en su despacho. Pippi fue directamente hacia él, cerró los ojos y sacó la lengua.
— ¿Qué te pasa? —le preguntó el médico.
— Me temo que he pillado un “palitroche". Me pica todo el cuerpo, duermo con los ojos cerrados, algunas veces tengo hipo y el domingo me puse mala después de haber comido un plato de betún con leche. Tengo mucho apetito, pero a veces me atraganto y no puedo engullir la comida. Yo creo que tengo un “palitroche". ¿Es contagioso?
El doctor miró la sonrosada carita de Pippi y dijo:
— Creo que tienes más salud que la mayoría de la gente.
— Pero existe una enfermedad con este nombre, ¿verdad?
— No. Pero aunque existiera, dudo que tú la cogieras.
Pippi suspiró tristemente, se despidió del doctor y salió, seguida de Tommy y Annika. No lejos de Villa Mangaporhombro había una casa de más de trescientos años. En aquel momento tenía una de las ventanas del piso superior abierta, y Pippi señaló hacia allí diciendo:
— No me sorprendería que ahí hubiera uno. Voy a subir a ver.
Saltó a la cañería y trepó velozmente hasta la ventana e introdujo la cabeza dentro. Vio una gran sala y en ella dos señoras sentadas en unos sillones charlando tranquilamente. Imaginaos su sorpresa cuando, de repente, apareció en la ventana una cabeza de color rojo y una voz dijo:
— ¿Por casualidad hay por ahí algún “palitroche"?
Las dos señoras chillaron aterrorizadas.
— ¡Cielo santo! ¿Qué estás diciendo, niña? ¿De dónde sales?
— Quisiera saber si tienen algún “palitroche" por ahí.
— ¿Y qué es un... eso que has dicho? ¿Muerde?
— Me parece que sí —dijo Pippi, convencida— Tiene unos colmillos así de grandes.
Las dos señoras se abrazaron y empezaron a gritar. Pippi miró alrededor y dijo, desilusionada:
— No veo que le asomen los bigotes al “palitroche". Perdonen que las haya molestado —Y se deslizó por la cañería hasta el suelo.
— No existe ningún “palitroche" en esta ciudad —dijo a Tommy y Annika— Volvamos a casa.
Cuando iban a montar en el caballo, que los esperaba en el soportal, Tommy puso el pie sobre un pequeño escarabajo que se arrastraba por la arena del sendero.
— Ten cuidado. No pises a ese animalito —dijo Pippi.
Los tres miraron hacia el suelo. El bicho era menudo y tenía unas alas verdes que brillaban como si fueran de metal.
— No es un escarabajo, ni una mariquita —dijo Tommy.
— Ni tampoco una libélula —dijo Annika— Me gustaría saber qué es.
En el rostro de Pippi se dibujó una radiante sonrisa.
— ¡Ya lo tengo! ¡¡Es un “palitroche"!!
— ¿Estás segura? —preguntó Tommy dudando.
— ¿Crees que no voy a conocer un “palitroche" cuando veo a uno? ¿Has visto tú ninguno en tu vida?
Pippi puso el escarabajo en un sitio donde no pudieran pisarlo y le dijo tiernamente:
— ¡Mi querido “palitroche"! Ya sabía yo que al fin iba a encontrarte.
Hemos recorrido toda la ciudad buscándote, y estabas cerca de Villa Mangaporhombro.

Fin

Curiosidades
1) La versión para México cambia los nombres de los personajes por Pita (Pippi), Tomás (Tommy) y Anita (Annika).
2) Existe un cuento chileno llamado Palitroche que no tiene nada que ver con esta historia ._. más adelante se los contaré.